PARAISO

Donde el delirio de mis manos sacuden
el sudor de tu boca
descienden alondras vertiginosas
hasta el páramo que habita bajo tu estómago.

A voces mis dedos se rompen en tu cuerpo.
Te devoro hasta la última gota
y dejas que se moje la tierra,
que toque el suelo el agua
y, a tientas,
nazcan las siguientes lluvias.

Por los caminos de tus piernas
mi lengua saciada bajando
fundida en las tiernas curvas que asomas,
debajo de las luces,
en los juegos nocturnos,
hasta la primera raíz donde empiezas.

Me preguntas
hasta cuándo durará esta noche.
Nunca del temblor se dirá
que haya muerto.
Te respondo