El banco se presenta con rostro y alma,
dobla la espalda como si el dolor fuese compartido
y, lentamente, apoya los brazos sobre la rodilla.
Traga, como queriendo ingerir un poco de la pena,
como lágrimas de suero que fingen ser auténticas.

Lo comprende, dice, incluso podría estar de acuerdo,
pero solo apretará el gatillo una vez,
tiene el campo de tiro perfectamente dibujado;
quedarán unos rasguños, dice, tan solo unos rasguños.

La carta indica fecha para el desalojo de la vivienda,
pero hay tiempo, los juzgados son lentos, dice.
Y sonríe como si la espera aflojara la cuerda,
como si el cuello pudiera romperse con cuidado.
Solo unos rasguños, dice.

Carmen sujeta la mirada sobre la piel cansada del ojo,
el párpado recostado en la pupila
como pétalos que descienden hasta el asfalto,
la oreja atravesada por el cañón de la pistola.

Con una rabia pegajosa un NO talla con mayúscula
la silueta de la boca,
detiene la bala con los dientes
con la fuerza de treinta y dos fusiles.

Carmen sujeta la mirada sobre la piel cansada del ojo,
observo el perfil de su torso recto,
crece hacia adelante,
como la planta se alza buscando el sol,
como una marcha de miles de pasos sin retroceso.

ANTES QUE PIEDRA

Moriré antes que la piedra,
que la fría roca piconada,
antes que las muescas labradas con acero.

Moriré antes que sus muros de fábrica,
que el macizo extraído de las grandes canteras,
antes de que los sedimentos desaparezcan
en los márgenes que sellan continentes.

Seguirán erguidas las murallas
y los escollos bajo el océano.
Levantarán estructuras sobre los fósiles.

Con la mandíbula siempre abierta
devorarán los elevados rastrojos.

Moriré antes que la piedra,
que las tumbas talladas con granito,
que el desfile de sillares.

Moriré antes que piedra.

SIN CUERPO NO HAY ENTIERRO

La sangre abre surcos
en el umbral de las fronteras,
una madre busca a su hijo
entre los alambres.

Dónde está su cuerpo, grita
y muerde la tierra agitando la cabeza.
Dónde está su cuerpo, grita.

Yo aflojo el rostro,
y silencio la mirada,
dentro de mí aprieta la vergüenza.
En este lado de la valla
sin luz, sin sitio
lamiendo todas las aristas de la costa
crecen las bocas de las hienas.

Cargados de ausencia
los cuerpos resisten el olvido,
una hija busca a su madre
bajo el polvo de la cuneta.

Dónde está su cuerpo, grita
y muerde la tierra agitando la cabeza.
Dónde está su cuerpo, grita.

Y yo lanzo piedras a las nuevas cordilleras,
que no se coman el terreno,
que no tapen las acequias,
la cosecha aún no ha terminado.
Bajo la tasa de rótulos y placas
quedan las trincheras.

La extensa agonía de la noche
recorre el infinito horizonte,
un hermano busca a otro hermano
en la superficie del océano.

Dónde está su cuerpo, grita
y muerde la tierra agitando la cabeza.
Dónde está su cuerpo, grita.

Yo desnudo la rabia
contenida en cada vértebra.
De quién la patria que se meriendan
las babas de las alcantarillas
bajo las tumbas de las marismas.

Sin cuerpo no hay entierro
y aún respiran los clavos en las manos.

La memoria atraviesa el espigón
como el hilo traspasa el ojo de la aguja,
avanza al paso de los tambores,
golpe a golpe parte la membrana
así como las olas embisten la playa,
dejando su cerco sobre la arena
para que nadie olvide hasta dónde
puede alcanzar el agua.

¿Por qué escribo yo?

Dice el poeta Po I-Po que escribe sobre un tema que no le gusta a nadie.
Tampoco a él.
Dice que hay temas que no le gustan a nadie.

Y me pregunto, ¿Por qué escribo yo?

Si en este pueblo de árboles nadie toma asiento,
si nada tan pequeño alcanza a verse desde lejos,
¿por qué escribo yo?

En 1992 mientras las pantallas ardían con la antorcha olímpica,
yo escribí mi primer poema,
diez días después de la muerte de Juan.

Mi abrigo encogió durante la noche,
se rasgaron las costuras de la espalda
y, apenas, los botones conseguían colocarse uno frente a otro.

Mi abrigo estrechó resquebrajando las normas del invierno,
limando las aristas que cobijan del viento.

Y me pregunto, ¿Por qué escribo yo?

si hay temas que no le gustan a nadie,
Si un millón bombas no se paran con palabras,
¿por qué escribo yo?

En 1992 mientras los campeones se vestían de medallas,
yo escribí mi primer poema,
diez días después de la muerte de Juan.

¿por qué escribo yo?

Desde el número 34 de la calle Lavapiés

Desde el número 34 de la calle Lavapiés
el aliento huele
a cúrcuma,
a menta,
a cilantro.

Platos brillantes
recién preparados
tiñen las mesas
de jugosas historias,
de un todavía que aún palpita.

El olor envuelve todo en
pequeñas porciones de ricos colores.
Mientras,
inversores de capital
gestoras,
fondos buitre
sobrevuelan la carroña,
engullen los despojos
de los que habitan la nada.

El olor envuelve todo en
la soledad de las altas montañas.
Se deshacen de los cuerpos
de quienes impiden triplicar las ganancias
y edifican sobre los escombros.
Convertirán toneladas de nubes en cemento
en viviendas de lujo para exigentes paladares.

El olor envuelve todo en
un cerco de aromas y condimentos.
Policías,
socios capitalistas,
accionistas
hacen hueco al dividendo,
aprovechan el sebo,
el hígado, las pezuñas
y hasta el pellanco.

Desde el número 34 de la calle Lavapiés
el olor lo envuelve todo como
un aliento a pellejo,
a óxido,
a cadáver.

HACEDOR DE PAN

Amasa el pan
como el pelaje de un animal
abraza la sombra de la luna
sobre el asfalto.
Sabe que cada trozo
llenará los vacíos
que golpean los hombros
y absorben apenas del aire
lo que queda al llegar la noche.

Reparte el sonido que resquebraja la corteza
como cuando la tierra se rompe en pedazos
y queda el silencio de las fracturas.
Agarra mi mano,
no sabe adónde vamos,
pero al viento le será difícil
llevarse por delante
dos cuerpos unidos
por los extremos de una madeja.

Amasa el pan
como alumbra el fuego los perfiles del rostro,
atendiendo la presencia de pupilas
que permanecen alerta
a las temblorosas cifras de alambres
antes de quedarse ciegas.

Agita el agua sobre la harina
como la lluvia atraviesa el monte.
Remueve la mezcla hasta desaparecer el grano.
Todo queda envuelto en una masa dura y persistente,
no hay hueco que deje camino a la bala,
no hay grieta que responda a palabras
trazadas con el surco de la muerte.

Amasa el pan
como las nubes rozan la espalda de las montañas,
sin decir su procedencia,
dejando el corazón sobre la tierra,
regando las flores arrancadas que áun respiran.

Mano sobre mano,
amasa el pan
y todo, todo,
queda envuelto en una masa dura y persistente
a salvo de las piedras que nos lanzan
quiénes saben que compartir la hogaza
da comienzo a una nueva semilla.

PARAISO

Donde el delirio de mis manos sacuden
el sudor de tu boca
descienden alondras vertiginosas
hasta el páramo que habita bajo tu estómago.

A voces mis dedos se rompen en tu cuerpo.
Te devoro hasta la última gota
y dejas que se moje la tierra,
que toque el suelo el agua
y, a tientas,
nazcan las siguientes lluvias.

Por los caminos de tus piernas
mi lengua saciada bajando
fundida en las tiernas curvas que asomas,
debajo de las luces,
en los juegos nocturnos,
hasta la primera raíz donde empiezas.

Me preguntas
hasta cuándo durará esta noche.
Nunca del temblor se dirá
que haya muerto.
Te respondo

LA CORTEZA DE PANDORA

El calor seca el manto de arcilla
que envuelve mi cuerpo.
Mechones de lodo cuelgan desde la cabeza.

Se amontonan los restos en el suelo,
desde los hombros se resquebrajan a golpes de acero,
como la escarcha que quiebra el cristal.

De la mano caen los granos de barro.
Bajo el fango asoma la carne fragmentada,
entre cuchillas cuarteadas de piedras.

El molde se rompe entre mis dedos.

Aprieto la cara y los ojos.
El sudor atraviesa las grietas.
A cuentagotas, se deshace en el aire,
una brizna de viento moja los cortes de la piel.

Mi silueta al descubierto alarga las horas de la madrugada.
Sobre mi pecho el reflejo de los olivos,
una colmena interminable de ramas perfumadas
rozan las orillas de mi boca.

Descalza piso la corteza,
la madera y las cenizas.
Las rocas advierten mis pasos.

LA MANADA

“Todas las agresiones sexuales suponen un tipo de relación de dominio hombre mujer sintomática de un tipo determinado de sociedad.

Historia de la violación, Georges Vigarello”

La muerte no necesita un cuchillo,
basta con que uno empuñe la mirada
para que los milímetros de curva
que brotan de la boca
exploten por los aires.

Como una estera cosida con navajas,
los fragmentos oscilan en la noche
arañando esquirlas del fino cristal.
Las piernas atravesadas
y la sangre rota contra las paredes.

No será suficiente hacerlo entre cinco;
cubiertos con todas las piezas de la armadura,
disparan su hazaña al mundo.
Racimos de carne,
como trofeos,
cuelgan de las balcones
de todas las calles.

Otros se encargarán de retransmitirlo.
Hablarán de su ropa,
del alcohol,
del exceso de confianza,
de que a esas horas, sola.

Las sombras se levantan
y dan cuentan del calibre:

La mitad del mundo
asomada a la cuneta,
por si alguno creyera
que el miedo aflojó de este lado.

MEMORIAL

2016

El primero ocurrió el cuarto día de empezar el año,
era lunes.
Despierto con la desgana de inaugurar un año
al que no elijo dar comienzo.
Se llamaba Mariana,
fue estrangulada por su marido.

 

El segundo ocurrió el quinto día de empezar el año,
era martes.
No hay nada distinto al día anterior,
sólo más frío y el puño más cerrado.
Se llamaba Silvia,
fue apuñalada por su ex pareja.

 

El tercero ocurrió el séptimo día de empezar el año,
era jueves.
Entrecruzo mi pelo para una trenza,
es difícil que sea el rostro el que hoy dibuje mi sonrisa.
Se llamaba Mirella,
fue asesinada por su ex pareja.

 

El cuarto ocurrió el undécimo día de empezar el año.
era lunes.
Mis oídos zumban.
No distingo la hierba que permanece con vida.
se llamaba Isabel,
fue apuñalada por su marido.

 

El quinto ocurrió el décimotercer día de empezar el año,
era miércoles.
Al corazón le faltan latidos, se deshace en el perfil del ojo.
Cada día mis brazos recogen la misma leña.
La lengua rota.
Se llamaba Lucinda,
fue asesinada a tiros por su ex marido.

 

El sexto ocurrió el vigésimo primer día de empezar el año,
era viernes.
Se extiende bajo mi piel el fuego que congela los músculos.
No sé qué haré hoy,
se apagan las noches tan rápido.
Se llamaba María,
fue degollada por su marido.

 

El séptimo ocurrió el vigésimo tercer día de empezar el año,
era sábado.
Deshilacho las sábanas,
abrazo el cuerpo que duerme conmigo.
Enero cubre de hielo todos sus días, parecen nada.
Se llamaba Lisa,
fue estrangulada por su marido.

 

El octavo ocurrió el vigésimo séptimo día de empezar el año,
era miércoles.
Parece que este mes fuera eterno, no termina,
y aún quedan once más.
Se llamaba Ascensión,
fue asesinada a golpes por su marido.

 

El noveno ocurrió el cuadragésimo segundo día de empezar el año,
era jueves.
Me pesan los restos de horas invisibles,
las que no estoy frente a un teclado escondiendo las sombras.
se llamaba Ana,
fue asesinada de un tiro por su pareja.

 

El décimo ocurrió el cuadragésimo cuarto día de empezar el año,
era sábado.
Me asomo a la ventana antes de salir de casa,
los pájaros picotean como escarcha la frente.
se llamaba Francisca,
fue estrangulada y acuchillada por su marido.

 

El undécimo ocurrió el quincuagésimo tercero día de empezar el año,
era lunes.
Comienzo la semana con la fuerza suficiente para encarar febrero
pero se queda entre las manos perdida,
como agua que se cuela entre las grietas.
se llamaba Soraya,
fue asesinada a tiros por su ex novio.

 

El duodécimo ocurrió el septuagésimo primer día de empezar el año,
era viernes.
El mundo se queda sin brazos,
sin pupilas que alcancen,
sin hueco para esconder las lágrimas,
no se pueden esconder más las lágrimas.
El mundo se queda con la muerte.
se llamaba Victoria.
fue asesinada por su pareja.

 

El décimo tercero ocurrió el septuagésimo cuarto día de empezar el año,
era lunes.
Pierdo la cuenta de mi pulso,
de los cañones a golpes contra mi cuerpo.
tantas son las bocas calladas hasta ahora,
tantas las figuras destrozadas,
las manos que las atraviesan,
como tantos los cómplices,
ausentes en este silencio.
Y aún no asoma la primavera.
se llamaba Silvia,
fue apuñalada por su marido.

 

En el centésimo tercero se llamaba María del Carmen.
En el centésimo quinto Cristina.
En el centésimo octavo Yolanda.
En el centésimo trigésimo segundo María Candelaria.
En el centésimo trigésimo tercero Nombre no conocido.
En el centésimo quincuagésimo Lucía.
En el centésimo quincuagésimo tercero Jana.
En el centésimo sexuagésimo tercero Aranzazu.
En el centésimo sexuagésimo quinto Johana.
En el centésimo octogésimo cuarto Teresa.
En el centésimo nonagésimo segundo Karla.
En el centésimo nonagésimo tercero Alexandra.
En el centésimo nonagésimo noveno Benita.
En el dos centésimo segundo Krisztina.
En el dos centésimo quinto Arantzazu.
En el dos centésimo vigésimo primero Xue.
En el dos centésimo trigésimo quinto Jane.
En el dos centésimo quincuagésimo noveno Flori.
En el dos centésimo sexuagésimo primero Ada.
En el dos centésimo octogésimo Mónica.
En el dos centésimo nonagésimo Estefanía.
En el dos centésimo nonagésimo cuarto Isabel.
En el tres centésimo segundo Jaqueline.
En el tres centésimo sexto Yolanda.
En el tres centésimo vigésimo Celia.
En el tres centésimo vigésimo primero Juana.
En el tres centésimo vigésimo octavo Alia.
En el tres centésimo quincuagésimo segundo Ana.
En el tres centésimo quincuagésimo tercero Elena.
En el tres centésimo quincuagésimo tercero Mari Carmen.
En el tres centésimo quincuagésimo cuarto Victoria

 

Y ahora, ¿quién se atreve a borrar sus nombres?

 

103 feminicidios y asesinatos España 2016

Listado de feminicidios y otros asesinatos de mujeres cometidos por hombres en España 2016:

Feminicidios íntimos oficiales  44
Feminicidios íntimos no oficiales  13
Feminicidios no íntimos  10
Feminicidios infantiles  4
Feminicidios familiares  13
 Feminicidios por prostitución  5
Asesinatos de mujeres por robo  4
Asesinatos de mujeres por violencia comunitaria  1
Feminicidios/asesinatos de mujeres sin datos suficientes  7
Asesinatos de mujeres por violencia económica  1

Fuente: www.feminicidio.net