HACEDOR DE PAN

Amasa el pan
como el pelaje de un animal
abraza la sombra de la luna
sobre el asfalto.
Sabe que cada trozo
llenará los vacíos
que golpean los hombros
y absorben apenas del aire
lo que queda al llegar la noche.

Reparte el sonido que resquebraja la corteza
como cuando la tierra se rompe en pedazos
y queda el silencio de las fracturas.
Agarra mi mano,
no sabe adónde vamos,
pero al viento le será difícil
llevarse por delante
dos cuerpos unidos
por los extremos de una madeja.

Amasa el pan
como alumbra el fuego los perfiles del rostro,
atendiendo la presencia de pupilas
que permanecen alerta
a las temblorosas cifras de alambres
antes de quedarse ciegas.

Agita el agua sobre la harina
como la lluvia atraviesa el monte.
Remueve la mezcla hasta desaparecer el grano.
Todo queda envuelto en una masa dura y persistente,
no hay hueco que deje camino a la bala,
no hay grieta que responda a palabras
trazadas con el surco de la muerte.

Amasa el pan
como las nubes rozan la espalda de las montañas,
sin decir su procedencia,
dejando el corazón sobre la tierra,
regando las flores arrancadas que áun respiran.

Mano sobre mano,
amasa el pan
y todo, todo,
queda envuelto en una masa dura y persistente
a salvo de las piedras que nos lanzan
quiénes saben que compartir la hogaza
da comienzo a una nueva semilla.

PARAISO

Donde el delirio de mis manos sacuden
el sudor de tu boca
descienden alondras vertiginosas
hasta el páramo que habita bajo tu estómago.

A voces mis dedos se rompen en tu cuerpo.
Te devoro hasta la última gota
y dejas que se moje la tierra,
que toque el suelo el agua
y, a tientas,
nazcan las siguientes lluvias.

Por los caminos de tus piernas
mi lengua saciada bajando
fundida en las tiernas curvas que asomas,
debajo de las luces,
en los juegos nocturnos,
hasta la primera raíz donde empiezas.

Me preguntas
hasta cuándo durará esta noche.
Nunca del temblor se dirá
que haya muerto.
Te respondo

sin título

Los dedos de Ana
buscan los míos
como la seda al cuerpo,
casi sin rozar,
colmando las orillas
de pulsos
que alcanzan
islas escondidas
bajo la piel.

Uno se acerca,
se inclina hacia la mesa
y, bajito,
como la boca de un león
previo al ataque,
se disfraza de sonrisa
y dice,
en la mesa de al lado hay menores,
se tienen que ir.
La boca se descubre
cada vez más grande.
Están ofendiendo a las familias
que tienen cerca,
dice.

En la calle paralela a mi casa
tres adolescentes vocean:
Bollera, tortillera.
Nada raro,
excepto los gritos.
Los encuentro a menudo,
a veces,
llego a tiempo para darme la vuelta
y alterar la ruta.

Sé cuales son las calles
por las que no cogernos de la mano.
Las horas por las que dos mujeres
no pueden revelar
el brillante fulgor de los ojos.
Ellos ansían acechar desde el trono,
confirmar que nada se les resiste,
que dos pasos más
pueden hacerte
temblar
de miedo.

Un hombre se toca
frente a nosotras.
No se esconde,
no pide permiso.
Tumbadas bajo el sol
un hombre nos roba la luz
y arranca con pulso firme
sus manos
mientras nos mira.
Como en una vitrina,
un escaparate para deleitar
su apetito.
Una mujer,
dos, tres,
cuantas más,
mejor quedará la exhibición.

Mis compañeros de trabajo
hacen apuestas,
no tiene pinta,
dicen.
Lesbiana, sí, no.
Les entra la risa.
¿Y tú, qué opinas?

Cuando hablo de él
es diferente.
No hay desafíos.
Nada que apostar.
Le respetan.

Nos cogemos de la mano
y no pasa nada.
Me atrevo con los besos,
con las caricias,
me atrevo al susurro en público,
a tocar con los labios su cuello
y no pasa nada.
No incito,
no provoco,
no perturbo.
A él le respetan.

LA CORTEZA DE PANDORA

El calor seca el manto de arcilla
que envuelve mi cuerpo.
Mechones de lodo cuelgan desde la cabeza.

Se amontonan los restos en el suelo,
desde los hombros se resquebrajan a golpes de acero,
como la escarcha que quiebra el cristal.

De la mano caen los granos de barro.
Bajo el fango asoma la carne fragmentada,
entre cuchillas cuarteadas de piedras.

El molde se rompe entre mis dedos.

Aprieto la cara y los ojos.
El sudor atraviesa las grietas.
A cuentagotas, se deshace en el aire,
una brizna de viento moja los cortes de la piel.

Mi silueta al descubierto alarga las horas de la madrugada.
Sobre mi pecho el reflejo de los olivos,
una colmena interminable de ramas perfumadas
rozan las orillas de mi boca.

Descalza piso la corteza,
la madera y las cenizas.
Las rocas advierten mis pasos.

LA MANADA

“Todas las agresiones sexuales suponen un tipo de relación de dominio hombre mujer sintomática de un tipo determinado de sociedad.

Historia de la violación, Georges Vigarello”

La muerte no necesita un cuchillo,
basta con que uno empuñe la mirada
para que los milímetros de curva
que brotan de la boca
exploten por los aires.

Como una estera cosida con navajas,
los fragmentos oscilan en la noche
arañando esquirlas del fino cristal.
Las piernas atravesadas
y la sangre rota contra las paredes.

No será suficiente hacerlo entre cinco;
cubiertos con todas las piezas de la armadura,
disparan su hazaña al mundo.
Racimos de carne,
como trofeos,
cuelgan de las balcones
de todas las calles.

Otros se encargarán de retransmitirlo.
Hablarán de su ropa,
del alcohol,
del exceso de confianza,
de que a esas horas, sola.

Las sombras se levantan
y dan cuentan del calibre:

La mitad del mundo
asomada a la cuneta,
por si alguno creyera
que el miedo aflojó de este lado.

MEMORIAL

2016

El primero ocurrió el cuarto día de empezar el año,
era lunes.
Despierto con la desgana de inaugurar un año
al que no elijo dar comienzo.
Se llamaba Mariana,
fue estrangulada por su marido.

 

El segundo ocurrió el quinto día de empezar el año,
era martes.
No hay nada distinto al día anterior,
sólo más frío y el puño más cerrado.
Se llamaba Silvia,
fue apuñalada por su ex pareja.

 

El tercero ocurrió el séptimo día de empezar el año,
era jueves.
Entrecruzo mi pelo para una trenza,
es difícil que sea el rostro el que hoy dibuje mi sonrisa.
Se llamaba Mirella,
fue asesinada por su ex pareja.

 

El cuarto ocurrió el undécimo día de empezar el año.
era lunes.
Mis oídos zumban.
No distingo la hierba que permanece con vida.
se llamaba Isabel,
fue apuñalada por su marido.

 

El quinto ocurrió el décimotercer día de empezar el año,
era miércoles.
Al corazón le faltan latidos, se deshace en el perfil del ojo.
Cada día mis brazos recogen la misma leña.
La lengua rota.
Se llamaba Lucinda,
fue asesinada a tiros por su ex marido.

 

El sexto ocurrió el vigésimo primer día de empezar el año,
era viernes.
Se extiende bajo mi piel el fuego que congela los músculos.
No sé qué haré hoy,
se apagan las noches tan rápido.
Se llamaba María,
fue degollada por su marido.

 

El séptimo ocurrió el vigésimo tercer día de empezar el año,
era sábado.
Deshilacho las sábanas,
abrazo el cuerpo que duerme conmigo.
Enero cubre de hielo todos sus días, parecen nada.
Se llamaba Lisa,
fue estrangulada por su marido.

 

El octavo ocurrió el vigésimo séptimo día de empezar el año,
era miércoles.
Parece que este mes fuera eterno, no termina,
y aún quedan once más.
Se llamaba Ascensión,
fue asesinada a golpes por su marido.

 

El noveno ocurrió el cuadragésimo segundo día de empezar el año,
era jueves.
Me pesan los restos de horas invisibles,
las que no estoy frente a un teclado escondiendo las sombras.
se llamaba Ana,
fue asesinada de un tiro por su pareja.

 

El décimo ocurrió el cuadragésimo cuarto día de empezar el año,
era sábado.
Me asomo a la ventana antes de salir de casa,
los pájaros picotean como escarcha la frente.
se llamaba Francisca,
fue estrangulada y acuchillada por su marido.

 

El undécimo ocurrió el quincuagésimo tercero día de empezar el año,
era lunes.
Comienzo la semana con la fuerza suficiente para encarar febrero
pero se queda entre las manos perdida,
como agua que se cuela entre las grietas.
se llamaba Soraya,
fue asesinada a tiros por su ex novio.

 

El duodécimo ocurrió el septuagésimo primer día de empezar el año,
era viernes.
El mundo se queda sin brazos,
sin pupilas que alcancen,
sin hueco para esconder las lágrimas,
no se pueden esconder más las lágrimas.
El mundo se queda con la muerte.
se llamaba Victoria.
fue asesinada por su pareja.

 

El décimo tercero ocurrió el septuagésimo cuarto día de empezar el año,
era lunes.
Pierdo la cuenta de mi pulso,
de los cañones a golpes contra mi cuerpo.
tantas son las bocas calladas hasta ahora,
tantas las figuras destrozadas,
las manos que las atraviesan,
como tantos los cómplices,
ausentes en este silencio.
Y aún no asoma la primavera.
se llamaba Silvia,
fue apuñalada por su marido.

 

En el centésimo tercero se llamaba María del Carmen.
En el centésimo quinto Cristina.
En el centésimo octavo Yolanda.
En el centésimo trigésimo segundo María Candelaria.
En el centésimo trigésimo tercero Nombre no conocido.
En el centésimo quincuagésimo Lucía.
En el centésimo quincuagésimo tercero Jana.
En el centésimo sexuagésimo tercero Aranzazu.
En el centésimo sexuagésimo quinto Johana.
En el centésimo octogésimo cuarto Teresa.
En el centésimo nonagésimo segundo Karla.
En el centésimo nonagésimo tercero Alexandra.
En el centésimo nonagésimo noveno Benita.
En el dos centésimo segundo Krisztina.
En el dos centésimo quinto Arantzazu.
En el dos centésimo vigésimo primero Xue.
En el dos centésimo trigésimo quinto Jane.
En el dos centésimo quincuagésimo noveno Flori.
En el dos centésimo sexuagésimo primero Ada.
En el dos centésimo octogésimo Mónica.
En el dos centésimo nonagésimo Estefanía.
En el dos centésimo nonagésimo cuarto Isabel.
En el tres centésimo segundo Jaqueline.
En el tres centésimo sexto Yolanda.
En el tres centésimo vigésimo Celia.
En el tres centésimo vigésimo primero Juana.
En el tres centésimo vigésimo octavo Alia.
En el tres centésimo quincuagésimo segundo Ana.
En el tres centésimo quincuagésimo tercero Elena.
En el tres centésimo quincuagésimo tercero Mari Carmen.
En el tres centésimo quincuagésimo cuarto Victoria

 

Y ahora, ¿quién se atreve a borrar sus nombres?

 

103 feminicidios y asesinatos España 2016

Listado de feminicidios y otros asesinatos de mujeres cometidos por hombres en España 2016:

Feminicidios íntimos oficiales  44
Feminicidios íntimos no oficiales  13
Feminicidios no íntimos  10
Feminicidios infantiles  4
Feminicidios familiares  13
 Feminicidios por prostitución  5
Asesinatos de mujeres por robo  4
Asesinatos de mujeres por violencia comunitaria  1
Feminicidios/asesinatos de mujeres sin datos suficientes  7
Asesinatos de mujeres por violencia económica  1

Fuente: www.feminicidio.net

Estamos haciendo nuestro trabajo

“terriblemente y temiblemente normales”,
Hanna Arendt

“Estamos haciendo nuestro trabajo”.
Un cordón policial bloquea la puerta de entrada,
puestos en fila sobre los escombros del matadero.
Dicen que hacen su trabajo.

Martes, nueve de la mañana,
una familia va a ser desahuciada.
Hoy es cada día,
un cauteloso homicidio
de poco ruido y bajo coste.

“Estamos haciendo nuestro trabajo”.
nueve y media de la mañana,
la comisión judicial accede
al interior de las habitaciones.
Carpeta en mano dejan constancia
del humo de los cigarros
y todo lo demás derramado sobre el asfalto.
Dicen que hacen su trabajo.

“Estamos haciendo nuestro trabajo”.
Diez menos cuarto de la mañana,
los cerrajeros llevan a cuestas
un acorazado a prueba de cañones.
Clausuran la vivienda.
Quedará vacía, como las otras.
Dicen que hacen su trabajo.

Los cadáveres retumban en las aceras.
Dicen que hacen su trabajo.

VENDRÁN A POR NOSOTROS

Vendrán a nuestras casas,
vaciarán los armarios,
se llevaran las fotos,
los cuadernos, las canciones.
Aniquilarán los tímidos flecos de cielo
que asomen por la ventana.

Sacarán a nuestros hijos,
acabarán con los pájaros que brotan de sus bocas,
matarán las lunas en sus cabezas,
y los latidos del pecho,
y las bellas palabras,
el lento y delicioso sonido del aire en el estómago.
Robarán el corazón de sus manos.

Nos darán golpes hasta los huesos,
devorarán la carne que sujeta los dientes.
Nos meterán presos,
y cuando ya no nos quede nada
dirán que somos peligrosos,
nos asfixiarán hasta la muerte.
Y será legítima,
y necesaria,
y nadie lo recordará.

SI DE UN ÁRBOL PUDIERAS ELEGIR UNA DE SUS PARTES

Si de un árbol pudieras elegir una de sus partes,
¿acaso no serías el fuste que sostiene las ramas
de las que, cada año, brota una nueva copa?

Desde las raíces que fijan el árbol al suelo
me asomo a la morada en la que yacen los muertos.
En las profundidades del Hades,
donde deja de habitar el alba,
los cuerpos bailan conmigo.
Aún sus bocas se mantienen calientes.

Me transporto, como agua,
desde el centro más oscuro del tronco
abrazando los anillos que crecen alrededor de los otoños.

Sostengo el peso de la ruda corteza,
protejo la savia como a la vida.

Suenan, desde dentro, las voces de los muertos,
deshilacho el hábito que encoge mi lengua.
La luz se abre paso entre los alambres,
se detiene en el mediodía
a cincuenta metros de la tierra.

Como brizna hecha de restos, me extiendo
en la anchura de la densa corona,
el gorjeo de los pájaros devuelve los ojos del paisaje.
Alcanzo camino como una cañada que deja paso al torrente.

De las yemas nacerán las flores.
Las manos convertidas en bosque tejerán la trinchera.
De ahí beberán los cantos de las brechas a orillas del mapa.
El sol rodeará las cabezas
y caerán, como escarcha, el miedo y la metralla.
Los tallos organizarán las columnas
y darán sombra al costado herido.

Inmortales surcos son las ramas y las hojas,
nacerán, como cada año, sin licencia ni visado.

SE PROCLAMAN

Se proclaman
reyes,
soberanos
excelentísimos,
príncipes,
monarcas,
consortes,
herederos,
infantes,
señores.

Los sucesores del rey Minos
mantienen vivo al minotauro
con las costillas del margen de los informes,
a las afueras del cauce de la acequia.

Muchas no vuelven.
Arrojan sus cuerpos al monstruo,
las convierten en racimos estelares
y guardan un minuto de silencio
frente a su féretro.

A quienes vuelven
les roban las olas
amaneciendo en su boca.
Con la piel marcada
por los dientes de la bestia,
regresan vestidos de otros
con la ropa que se enseña
entre cuatro paredes.

Se nombran,
se designan,
se relevan.

¿Quién dice ser mi rey?
¿Ante quién debo yo arrodillarme?